En este ensayo, Ana Alvarez problematiza dos conceptos que han estado presentes en la visión que tenemos sobre nuestra literatura.
¿Qué entendemos por el concepto literatura indígena precolombina? Un concepto tan europeo como el de literatura podría causarnos extrañeza al ser aplicado a las expresiones de varias civilizaciones de América que no tuvieron contacto alguno con Europa hasta ser colonizadas. Sin embargo, encontramos varios títulos de libros sobre literatura indígena precolombina, y, aún más, de literaturas precolombinas indígenas mexicanas. El adjetivo mexicanas, a su vez, también podría sorprendernos al ser aplicado a aquellas civilizaciones instauradas antes de la fundación de un solo México ¿Bajo que suposiciones o argumentos parten los literatos, antropólogos o historiadores para utilizar estas nomenclaturas? En el presente ensayo, problematizaré lo que parece una reivindicación de las expresiones indígenas: la inserción de sus expresiones ancestrales dentro del concepto literatura y, de la inclusión, a su vez, de ésta en la llamada mexicanidad. Primeramente, esbozaré algunas problemáticas del concepto literatura indígena precolombina siguiendo la propuesta teórica de Walter Ong sobre lo que es literatura; las propuestas metodológicas de George Baudot y Amos Sagala son tomadas como representativas del consenso que aboga por la existencia de una literatura indígena precolombina; en el caso de Baudot, una literatura indígena precolombina mexicana.
Literatura indígena precolombina: ¿un concepto problemático? En el primer tomo de Historia de la literatura mexicana(1), Georges Baudot menciona y explica el por qué y el cómo es que define a la literatura indígena mesoamericana. Baudot entiende como literaturas indígenas a todos los símbolos y signos que expresen códigos, ya sea en frescos, estelas, esculturas y todo material que conlleve un texto(2). Hace la aclaración de que el texto mesoamericano contiene características específicas, como lo son su función política, histórica y religiosa(3), y en contra de aquellos que le objeten que está trabajando con conceptos habitualmente no considerados como literarios, se defiende con la raíz etimológica de la palabra literatura; a través de ella, afirma Baudot, nos convencemos de que la manera de ver la literatura de los prehispánicos y la de nosotros no es muy diferente:
En el término literatura, o mejor, en el término del “hecho textual” englobamos toda clase de producciones que tratan de contemplar toda la actividad humana fundamentada en el lenguaje y en el discurso. Una moderna historia de la literatura mexicana no podía desechar textos por la única razón de que no obedecen estrictamente a las normas del “texto literario” definido en el siglo pasado o a principios de éste.(4)
Esto parecería una réplica contra aquellos que engloban el concepto literatura como literatura de imaginación, concepto que surge en el romanticismo decimonónico europeo cuando los saberes se especializan y dejan al concepto literatura el equivalente de ficción. Por otro lado, también parecería que Baudot se defiende frente a la característica de literatura como conjunto de palabras. De hecho, a través de todo su ensayo, Baudot hace afirmaciones como: las expresiones mesoamericanas en estelas o códices deben llamarse con toda justicia literatura; las inscripciones jeroglíficas de Teotihuacan ofrecen indudablemente textos mitológicos e históricos que pueden considerarse como las primeras manifestaciones literarias en los inicios del periodo clásico del México Central; en las estelas mayas se encuentran los primeros textos de la primera literatura mexicana. De igual manera, Amos Segala en su libro Literatura náhuatl, fuentes, identidades, representaciones(5), aplica el concepto literatura a los símbolos aztecas mostrando una justificación de su metodología. Para Amos Segala, la literatura náhuatl obedece reglas diferentes a las europeas. Afirma que la literatura de los aztecas siempre habla de otra cosa, es decir, no es un discurso autorreferente (lo cual, para algunos teóricos, es una característica definitoria de la literatura). Según Segala, la literatura náhuatl nunca está separada de lo religioso, lo social y lo político, sino que es su epifanía y su síntesis. Para comprobar esto, ofrece como prueba la necesidad que tenemos de rastrear el discurso literario náhuatl en testimonios que hablen de inventarios, de fiestas, de circunstancias históricas o míticas, pero de nunca una actividad literaria autónoma e ideológicamente independiente.(6) Cabe hacer una última aclaración importante de él:
La apreciación de la cultura náhuatl y, naturalmente, la de sus expresiones literarias depende, por una parte, de una visión clara de su función dentro del mundo azteca y, por otra, de las características muy particulares de su transmisión y de nuestra posibilidad concreta de acercarnos auténticamente a ella(7).
En las opiniones de estos dos teóricos encontramos varias justificaciones de la utilización del concepto literatura para denominar a signos y símbolos de civilizaciones precolombinas. La más importante consiste en afirmar que las literaturas indígenas poseen características diferentes de las literaturas europeas: no se expresan por el mismo modo, ya que mientras las literaturas europeas utilizan el alfabeto, las literaturas mesoamericanas utilizan códices estrechamente relacionados con la tradición oral. Así, se libran del problema de un concepto que parecía propiamente europeo. Afirman, también, que las literaturas indígenas nunca se separan de componentes históricos, mitológicos y políticos. Esta segunda suposición nos resulta curiosa, ya que implícitamente postula que existe literatura no relacionada con su marco histórico, mitológico o político, o para decirlo en palabras de Sartre, postula que existe literatura escrita en el aire(8). La insistencia de Baudot y Segala de llamar literatura a cualquier sistema de signos o símbolos indígenas, parecería que consideran que el concepto literatura contiene una valoración positiva en sí mismo y que haría justicia a expresiones históricamente desvaloradas y consideradas inferiores frente a las propiamente occidentales. Este concepto positivo de literatura lo podemos encontrar desarrollado de manera teórica en la teoría literaria del Nuevo Criticismo, la cual percibe a la literatura como una entidad cultural superior capaz de educar y civilizar a las masas. De manera paralela, lo que hace Baudot es encasillar a las expresiones indígenas precolombinas como literarias para legitimarlas, como si necesitaran de la categoría literatura para tener validez. Por otro lado, la propuesta de Sagala sobre el concepto literatura indígena parecería que podría solucionar problemas metodológicos, pero ni se explican ni se mencionan cuáles. Los problemas de categorización sobre lo que es y lo que no es literatura siguen sin resolverse en los ámbitos de las teorías literarias; si por un lado se afirma, como lo hace el marxismo, que la literatura es todo aquello que retrate la realidad social, por otro se alega que la literatura no existe de manera ontológica, sino que es lo que la ideología dominante desee, como lo afirma Terry Eagleton. Desde los 70’s, se ha tratado de abrir y flexibilizar el Canon literario. Esta tarea, que ha sido propia de feministas, neohistoricistas y multiculturalistas, presupone que estar dentro del Canon da una legitimación a su discurso debido a las connotaciones positivas de la categoría literatura canónica. Pero ninguna de estas teorías ha demostrado de manera tajante ni una definición irrefutable de literatura, ni de qué manera la literatura contiene un valor positivo como el que le daba explícitamente la Nueva Crítica. Por otro lado, Walter Ong propone una teoría donde postula que literatura es todo aquello que esté escrito con alfabeto, independientemente de si es considerado o no bella literatura. La clasificación literaria/no literaria de Walter Ong no es valorativa ni jerárquica, sino descriptiva. No supone, por ejemplo, que los textos literarios son mejores que las tradiciones orales ni que los códices indígenas. Lo que hace es separar lo no escrito de lo escrito para desarrollar una teoría de la percepción basada la herramienta de la escritura alfabética, y esto no para considerarla superior a una percepción basada en códices y tradiciones orales, sino para describir sus diferencias. Walter Ong en su libro Oralidad y escritura, tecnologías de la palabra(9), describe los cambios que ha propiciado la escritura en la mente humana. Así, hace una comparación entre las culturas orales y las culturas alfabéticas. Afirma, por ejemplo, que según parece, la primera poesía escrita de todas partes, al principio consiste necesariamente en una imitación por escrito de la producción oral.(10)¿Qué tiene qué ver esta afirmación con las llamadas literaturas indígenas? Según León Portilla, en los sistemas semisiográficos de los mixtecas y aztecas, las pinturas son textos. No hay distinción entre palabra e imagen.(11) Esto puede servirnos como hipótesis de trabajo; podemos proceder inductivamente para descubrir si la relación entre los códices mesoamericanos y la producción oral es decisiva para la comprensión de los primeros. Para ejemplificar esto, veamos un comentario de León Portilla. Anota que cuando se leían: las inscripciones mayas en piedra, barro y otros materiales […] con gran frecuencia los mayas lo hacían escuchando palabras-comentario de los sacerdotes sabios. De este modo, los que se acercaban a los libros e inscripciones en las escuelas sacerdotales o en los templos en las ceremonias religiosas, atentos a lo que decía el sabio y con mirada en las imágenes, participaban en un proceso de compenetración con un mensaje enraizado en su propia cultura. Contemplaban y a la vez escuchaban(12)
De este modo, la hipótesis de Walter Ong sería parcialmente confirmada por las investigaciones de Portilla. La importancia de separar lo que no es literatura, y lo que lo es, en la teoría de Ong, viene a proporcionarnos modos de comprender los códices y tradiciones orales mesoamericanos. Cabe preguntarnos qué utilidad no basada en prejuicios han encontrado los investigadores que proponen llamar literatura a dichos códices y tradiciones. Los problemas en el uso de las categorías tienen que resolverse si es que queremos comprender las expresiones mesoamericanas de una manera más vasta y a través de ellas mismas, sin valoraciones europeas ni de otro tipo. Aquí surge la segunda cuestión del ensayo: ¿por qué las tradiciones orales y los códices precolombinos se les ha etiquetado con un adjetivo ajeno a ellos como lo es el de “mexicanos”?
Códices y tradiciones orales precolombinos: ¿mexicanos? Georges Baudot sostiene que reunir en un mismo volumen a la llamada literatura indígena precolombina y a la literatura mexicana no resulta incongruente si reconocemos la esencia y autenticidad de ésta última. En sus propias palabras, Baudot afirma que:
Sí, México es uno y su expresión una, desde los murales de Bonampak o los bajorrelieves de Chalcatzingo hasta la última novela publicada por Carlos Fuentes, desde las paredes pintadas de Juxtlahuaca y Oxtotitlán hasta Palinuro de México o Noticias del Imperio de Fernando del Paso.(13)
Es así que a través de esta unicidad quiere justificar la inclusión de las expresiones indígenas dentro del estudio de las literaturas mexicanas. Cabe preguntarnos a qué se refiere Baudot cuando afirma que México es uno. Para no caer en nacionalismos irracionales o en cuestiones metafísicas que postulen identidades esencialistas, tenemos que analizar qué implica incluir las expresiones indígenas precolombinas dentro de la mexicanidad. Lo que hace Baudot, de nuevo, parece ser con el fin de legitimar las expresiones indígenas dentro del estudio de la literatura mexicana. Baudot postula que:
…la unidad cultural mesoamericana de los tiempos prehispánicos[…] encontró su eco y su espejo al arribar la lengua castellana a dicha zona geográfica.Y el territorio que conforma el corazón del virreinato de la Nueva España reproduce el antiguo molde cultural y sirve de crisol único para las lentas maduraciones que llevarán ineluctablemente a un México moderno, rico en todas su diversidades, dentro de un perfil soberano y primordial, que es único.(14)
Habría que investigar si la unidad de mesoamérica era, precisamente, una unidad o un conjunto de varias civilizaciones con características diferentes para sustentar la afirmación totalitalista que hace Baudot. Por otro lado, la llegada del idioma español es más un impedimento para el desarrollo que realizarían las culturas mesoamericanas por sí mismas que un espejo de ellas mismas. Cómo han comentado León Portilla y Amos Sagala, la traducción de los códices al alfabeto lleva a una deformación del mensaje indígena. Homogenizar todas las expresiones de México que impliquen lenguaje bajo la categoría literatura mexicana, ni ayuda para su estudio ni hace justicia a las tradiciones orales y a los códices que se crearon y transmitieron antes de la formación de México como nación. El concepto de literatura mexicana es problemático en sí mismo ¿Qué es la literatura mexicana? ¿se trata de la literatura escrita en México o por mexicanos? ¿Quiénes son los mexicanos? ¿los nacidos en México o los que se sientan como tales? ¿Qué es la mexicanidad? Son preguntas que habría que precisar. La llamada mexicanidad, por ejemplo, pareciera que se aplica solamente a características distintivas del sur del país que surgieron en el siglo XIX, dejando por un lado a los estados del norte, a los indígenas y a las minorías religiosas. Sin embargo, se ha utilizado dicho concepto de manera totalizadora para enmarcar a todos los habitantes del país.
Los conceptos literatura-mexicana como otra manera de colonización cultural de las civilizaciones precolombinas. Los pueblos indígenas poseen una historia de explotación desde que llegaron los primeros colonizadores de Europa. Forzados a adoptar a una cultura ajena, con conceptos y mitologías que los desvalorizaban, sus expresiones siguen siendo vistas a través de la mentalidad europea. Creer que caracterizar como literatura sus tradiciones orales, códices y demás expresiones, es ponerlas en un lugar justo, no es más que otro prejuicio europeo. Las expresiones de los pueblos no son valiosas porque sean literatura o no. Este concepto tiene que ser analizado cuidadosamente antes de querer ser aplicado a cualquier creación para no caer en las valoraciones automáticamente positivas en las que han caído los historiadores, los antropólogos, y por supuesto, los literatos. Lo mismo pasa con el concepto mexicanidad. Querer encontrar como mexicanos a los pueblos precolombinos es aplicarles un adjetivo que no les pertenece. Si bien es cierto que México, como construcción cultural, tiene raíces en las culturas mesoamericanas, no por eso podemos hacer una equivalencia considerando a las culturas precolombinas como mexicanas. México, a pesar de cualquier nacionalismo y a pesar de cualquier identidad metafísica trascendental, no es uno. La riqueza de nuestro país consiste en la pluralidad de sus habitantes, la cual, paradójicamente, se quiere reducir a una unidad totalizadora y déspota, ya que no reconoce las diferencias de sus habitantes y antepasados. Querer reducir a las expresiones precolombinas como parte de la literatura mexicana es un error terrible al considerarlas bajo conceptos ajenas a su realidad. Los conceptos literatura y mexicanidad tienen que ser utilizados meramente como descripciones, no como valoraciones ni justificaciones. El estudio de las expresiones indígenas bien lo podrían realizar los literatos, pero a través de metodologías propias para ellas. De igual manera, dicho estudio podría realizarse en el campo de la literatura mexicana, pero reconociendo que tiene una construcción diferente a la literaria (ausencia de alfabeto) y, que, por tanto, no es literatura; además, claro, de reconocer que la mexicanidad, tal y como ahora la entendemos, no estaba fundada en la mesoamérica precolombina. Es hora que las tradiciones mesoamericanas sean estudiadas tal y como su naturaleza exige y no a través de conceptos impuestos meramente decorativos. Tenemos que construir, ya que no llega, la justicia histórica.
NOTAS:
1 GARZA Cuarón et al. Tomo I de Historia de la literatura mexicana, Siglo veintiuno editores, primera edición 1996 2 ibid., p. 25 3ibid., p. 35 4 ibid., p. 37 5 SEGALA Amos Literatura náhuatl, Fuentes, identidades, representaciones, Editorial Grijalbo, 1990 6 ibid., p. 19 7 ibid. p. 20 8 Para abundar sobre este tema, véase Una introducción a la teoría literaria de Terry Eagleton, donde postula que la literatura, en ocasiones entendida como independiente de su realidad social, nunca está desprovista de ideologías ni situaciones históricas específicas. 9 ONG Walter, Oralidad y escritura, tecnologías de la palabra, quinta reimpresión, Fondo de cultura económica, 2002, México. 10 ibid., p. 34 11 LEÓN-Portilla Miguel, Códices, primera edición, ed. Aguilar, México, 2003, p. 131 12 ibid., p. 38 13 GARZA Cuarón et. al. Op, cit. p. 24 14 Ibíd.., p 24
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